LA BODA...
Imagina que ves una flor marchitarse, que es la más bella de todas, imagina que le tiendes la mano, que la recoges, la replantas en tu corazón, le das todo tu amor y ella te sonríe y renace. Ahora tú, sonríe y hazla feliz…
El futuro cambia constantemente, y lo cambiamos nosotros. Quizás no nos demos cuenta de lo que hacemos o lo que decimos pero con cada acto, decisión o comentario marcamos unas pautas, las pautas a seguir en nuestra vida. Qué tostón ¿verdad? Pues aun así es lo que le pasó a nuestro tan dudoso Príncipe ya que una simple elección cambió su vida enteramente. Ya que nuestro dudoso Príncipe fue invitado a un enlace, no sabemos si real o no. Pero tanto él como su gran Géminis no tenían claro si iba a asistir debido a que otros planes se cernían sobre ellos jugando en contra de nuestro protagonista, y muy a favor de la novia de este. Pero el destino, queridos amigos, esta vez jugo del lado de nuestro dudoso Príncipe y ambos asistieron al mencionado enlace. Y el resultado sería discordante para nuestro protagonista y su pareja, ya que este se acordaría de este día para siempre y ella… desearía no haber ido jamás a esa ceremonia…. Pero dejemos que nuestro muy dudoso Príncipe nos lo narre, él mismo:
Me levanté aquel día como si fuera normal, como si de otro sábado más se tratase. Me duché y vestí con aquella camisa que me compré para mi confirmación, no me gustaba demasiado pero debía arreglarme y pensé que aquella camisa de cuadros sería bastante oportuna, acompañada, por supuesto, de mi americana y esos pantalones beige que casi nunca me pongo. A opinión de mi madre:-Vas muy guapo, no digas tonterías-. Asique en poco más de media hora ya estaba listo para asistir a ese enlace de unos primos al cual fui invitado. Acordé con Géminis que debía acudir a mi casa con tiempo ya que mis padres gustan de ir a la ceremonia y como no, esperar a los novios a la salida de la iglesia y colaborar en la medida de lo posible en cegar, ensuciar y llenar el pelo de la novia con arroz. Ese arroz seamos realistas, se tira con rabia, para hacer daño y a poder ser… a los ojos.
Sobre las once de la mañana, quizás más tarde, todos nos encontrábamos ya dentro del coche familiar. Como novedad, yo conduciendo y mi padre de copiloto como no, gritándome y recriminándome. Géminis, mi novia, se encontraba detrás con mi madre y mi hermana. Ella vestía… camiseta de tirantes con flores y pantalones vaqueros, ¿propio para una boda? No juzgaré, porque mi estilo por el buen vestir se quedó olvidado en el útero de mi madre. Y así… conduciendo el coche familiar, con mi padre diciéndome que conducía muy lento, y mi hermana y mi madre que no callaban y mi novia que como abrigo llevaba una chaqueta vaquera me dirigí a otras tierras…
Y tras media hora de viaje, no fue mucho, llegamos a nuestro destino: Jámila. Y una vez allí, mi padre haciendo alarde de sabiduría me indicó el camino hasta la casa de la novia, para desde allí ir a la iglesia donde se celebraría el enlace. En la casa de esos primos todo fue saludos y besos. Pero yo que pronto me canso de todo eso… me senté en un sillón hasta que la novia hizo aparición, pero cuando la vi… pensé si por algún casual no se había visto en un espejo. Su traje era del blanco habitual, pero le habían puesto una flor, en boca de mi madre “floripondio” en el cuello, Géminis atinó a decir que si hubiera sido un escote palabra de honor habría estado mucho más guapa. Pero evidentemente nadie dijo nada. Y se hizo un montón de fotos… muchísima… para mí demasiadas. Pero finalmente vino un coche antiguo, creo que tendría más años que mi madre, y se llevó a la novia a la iglesia, bueno se la llevo más bien a pasear por las calles de la cuidad porque todos los presentes en aquella casa, la de la novia, nos pusimos dirección a la iglesia, y para mi asombro la novia llegó 20 minutos después de que llegáramos los demás... Y en ese momento yo me pregunté ¿Dónde ha estado?. En fin que empezó la ceremonia, con acompañamiento de banda de música y todo. Géminis y yo nos sentamos en el lado derecho de los asientos y contemplamos y oímos toda la boda. Pasado un rato Géminis me indicó el peinado de una muchacha, diciendo que le gustaba mucho…
La muchacha me llamó la atención, mucho, era realmente guapa, vestía un vestido negro que le estaba un poco holgado, unos tacones sencillos pero bonitos color marrón, creo recordar que un bolso también colgaba de su hombro. Su peinado, creo que acertado, increíble y casero. A Géminis le gustó mucho, pero es que a mí me gustó mucho más. Aquella muchacha que se movía por los arcos de esa iglesia parecía distinta, apresurada, no muy feliz. Estaba acompañada por otras muchachas, pero ella parecía distinta, más mayor. En un primer momento llegué a pensar que tendría tres o cuatro años más que yo. Pero me aterraron los pensamientos que estaba teniendo en ese momento y como si de un espasmo se tratase giré la cabeza rápidamente hacía el altar y me centré en lo que allí estaba sucediendo.
En la boda también estaba un tío mío al que le gustaba mirar a todas las mujeres y darme un codazo diciendo algo así como “esa esta buena” o “mira que…” cosas a las que no doy excesiva importancia ya que me resulta monótono y a veces desagradable lo que dice. Pero… una de las mujeres que señaló fue la linda muchacha de vestido negro, no pude evitar mirarla, detenerme en ella mientras mi tío decía que era la más guapa de la boda, y yo la observaba mientras esperaba a que los novios salieran de la iglesia. Estaba como ausente, triste tal vez. Seguía acompañada de otras mujeres pero ni siquiera recuerdo sus rostros, ni sus vestidos. Mi único recuerdo es aquella misteriosa muchacha de vestido negro que me llamó la atención. ¿A que se debería ese haz de tristeza que parecía envolverla?
Tras la ceremonia como suele ser habitual, fuimos al banquete, que se encontraba a las afueras, por lo que el coche fue necesario. Cuando llegamos a ese gran recinto entramos a un gran patio con una caseta en el centro donde se servía bebida. Yo me puse al lado de mi padre y mi tío, amén de otros hombres pero no recuerdo ni sus rostros ni sus nombres. Cuando ya llevábamos allí unos minutos, mi tío volvió a decir comentarios sobre las mujeres, pero esta vez había más hombres, los cuales comentaban y opinaban. Yo, no estaba en absoluto en la conversación, mis ojos estaban en otra parte, en otro mundo, en otro cuerpo. Hasta que mi tío volvió a repetir aquellas palabras que ya pronunciara en la puerta de la iglesia, esta vez para que los demás hombres lo oyeran, mientas señalaba de nuevo esa figura de vestido negro, aquella hermosa mujer que por alguna extraña razón llamaba mi atención excesivamente, hasta el punto de ansiar saber sobre ella, perseguirla con la mirada incesantemente mientras una sonrisa se dibujaba en su cara al acercarse a niños pequeños y bebés, mientras se hacía fotos con unos y con otros. Pero algo me hacía pensar que en el fondo no era feliz y que si por ella fuera no estaría allí, desearía irse lejos, desaparecer de este mundo donde su felicidad no yacía dentro de su cuerpo, y encontrar la paz. Pero eso… solo eran suposiciones de alguien que solo observaba el movimiento de una figura femenina con curvas que para nada tenían que ver con las serpenteantes y enormes curvas que dibujaban el cuerpo de mi novia…
Y al fin pasamos al salón, donde debíamos comer, y nos dirigimos a la mesa que me fue asignada a mí y a mi novia. Al acercarme a la mesa vi… que la misteriosa dama de negro se sentaba en la misma mesa. Esa bella dama en la que tanto había pensado en tan poco tiempo se sentaba enfrente de mí…. ¿Por qué estoy tan nervioso…?
La historia del Principe dudoso parece nueva... y algo mas alegre, parece que va a cambiar su vida y por fin, parece que comenzará a ser feliz.
ResponderEliminarTodo lo que le queda al principe por sentir.... y los años que le quedan junto a esa muchacha de alma y vestido negro.
Esperando la continuación con ansia
te quiero mi principe...