el espejismo..
Tal vez serian las ganas de abandonar la soltería, la confusión de la noche, la confusión e mucho cariño o tal vez acciones que se hacen sin pensar. Pero nuestro dudoso Príncipe inició un beso un periodo en el que por un lado la vergüenza, la timidez y la esperanza, y por otro lado el fuego, la posible felicidad y la ceguera voluntaria, marcaron el devenir de los hechos.
Después de aquel beso, en nuestro dudoso Príncipe todo fueron dudas, desconfianza y rechazo. Mas todo quedó para si, no expresó nada, todo se lo guardó. Decidió que seguiría hacia delante muy a pesar de su desconfianza, a pesar de que dudaba mucho que lo que le había llevado a dar ese beso fuera realmente amor.
¿A quién beso nuestro protagonista? Géminis creo que era su nombre. Describirla me llevaría demasiado tiempo. Bastaría con denotar la anchura de sus ropajes, la poca estatura, su poco gusto por la estética y su no menos peculiar carácter. También se podría decir, tal vez siendo cruel, que en sus mejillas los más osados podrían rayar queso y pan… ¿Por qué? Muy fácil, digamos que el acné hizo presa de su cara, dándole un toque de rugosidad un tanto áspero cual papel de lija… A estas alturas queda claro que Géminis quizás no sea la más hermosa de las mujeres del reino, pero aun así poco le importó a nuestro dudoso Príncipe, aunque consciente era de todo esto.
Al principio, y no lo vamos a negar, nuestro, muy dudoso y lleno de defectos, Príncipe se avergonzaba, cosa comprensible por otro lado, de que lo vieran con Géminis. Paseaban por calles poco transitadas e incluso desiertas, apenas se cogían de la mano y mucho menos se besaban. Y es que la verdad nuestro Príncipe no había besado a ninguna chica más allá de un inocente pico. Y no sabía desenvolverse en la situación que entonces se le estaba presentando. Pero como en esta vida la practica enseña a cualquiera, pues al cabo de un tiempo esta situación quedó solucionada para bien.
Recuerdo que me contaba este tan dudoso Príncipe, que se veían por las mañanas en la casa de Géminis, y que después de ver un rato la tele y conversar, salían a pasear aun que rápidamente se recogían ya que el calor se hacía inaguantable en aquellas mañanas de verano. Por las tardes, recuerdo de sus relatos, que salían igualmente a pasear y con el paso del tiempo cada vez se ocultaban menos. Quizás siempre iniciativa de nuestro protagonista.
Y el verano pasó... y empezó el otoño con lluvias y vientos y acompañado de eso la crisis quizás más grave de esta pareja de escasa formación. Relatar la crisis sería decir que ella lo agobió demasiado, sobre teniendo en cuentas la multitud de pensamientos que por la cabeza del dudoso Príncipe pasaban, que no eran muy alentadores. Un día el dudoso Príncipe se cansó y se lo hizo saber a nuestra no muy bien para Géminis. Pasaron muchos días sin verse ni hablarse hasta que un día ella lo buscó, y hablaron. Él la perdonó y muy a nuestro pesar, amigos, continuaron su muy dudosa relación.
Llegó el invierno y con él los cumpleaños de nuestro protagonista… y su por entonces compañera sentimental. Y mientras él se preparó su regalo a conciencia, ella… en fin… podríamos decir tantas cosas y ninguna buena. Pero aun así nuestro dudoso Príncipe poco lo tuvo en cuenta ya que por aquellas fechas su cabeza se veía nublada por un velo de humo llamado “posible amor”…
No hay comentarios:
Publicar un comentario