martes, 14 de diciembre de 2010

El dudoso Príncipe 8

Mi mundo se derrumba... y sin embargo gira...

Creo que nuestro dudoso Príncipe ya está totalmente enamorado de su Venus adorada, pero ahora es cuando empieza la verdadera batalla, nada fácil. Ardua y complicada. Géminis a la que nadie queremos ya esta apartándose pero, ella aun se resiste a hacerlo completamente. Sin embargo a nuestro muy dudoso príncipe aun le quedaba mucho que sufrir y padecer:

Una vez en mi tierra y ya en mi casa solo quedaba dormir placenteramente, pensar en ella y soñar, soñar como nunca, recorrer con la mente cada línea de su rostro, soñar acariciarlo y volverse loco con sus labios. Olvidar que tenía que cargar con Géminis que ya resultaba insoportable, por la que prácticamente ya solo sentía cariño y nada más.

Al día siguiente no hable con Venus, o al menos casi nada, se encontraba preparándose para un examen al que iba un poco justa pero la materia se le daba muy bien según ella asique de poco había que preocuparse, pero aun así me pesó no poder hablar con ella porque era una de las cosas que más deseaba en todo el día. Y que más me animaban y por qué no decirlo, a ella también. Animarla a ella, a pesar de que cada día me enamoraba más, era tan reconfortable que no me importaba que su amor no fuera para mi, y que fuera para ese desgraciado que le arruinó la existencia en unos pocos días, existencia que ahora yo me encargaba de elevar al cielo, como un parajito herido que intentas curar, le das todo el cariño del mundo; sabes que poco a poco se está recuperando, y también sabes que una vez curado no se quedará contigo… echará a volar, y lo peor… sin ti. Lo sabía, mi corazón lo sabía, ella no se estaba enamorando de mí. Volvería a sufrir y volvería a ser por amor, pero aun así lo importante es que perdiera el vestido negro que se enfundó su corazón por culpa del horror. Aun al fin ese pajarito que yo sentía en mis manos volviera a volar y se elevará junto a sus compañeros, a los ángeles, que un día lo dejaron caer.

Pasé la semana intentando, o más bien pensando cómo podría acabar con la relación con Géminis debido a que ya no la quería, sin embargo, Venus tampoco. ¿Qué me esperaba al dejar a Géminis? La pregunta no tiene sentido pues sabia su respuesta de ante mano: Sufrir, ya no me acordaba lo que eso era. Hacía tiempo que no sufría por amor y me encontraba bastante bien. Pero mi objetivo no era ese, mi objetivo era el bienestar que estaba logrando en Venus. Lo que viniera después vendría y yo lo afrontaría como pudiera. Y si no, habría de morir de amor cosa que no me disgustaba, pues no encuentro mayor honor en una muerte que en la muerte por amor. Pero estaba centrado en como apartar a Géminis del siguiente viaje. Y a medio de la semana pensé que lo mejor sería darnos un tiempo en el que el único que pensaría seria yo, y a quien pretendo engañar, lo tenía todo pensado y bien pensado. Yo ya no amaba a Géminis, mi corazón palpitaba a compas del de Venus, se ayudaban a latir, pues el mío no latiría si no lo hacía el de ella, y el de ella solo lo hacía cuando latía el mío. Encontrándonos en ese bucle solo quedaba no separarme de ella nunca; no me disgustaba la idea en absoluto… Así que el viernes de esa misma semana, hable con Géminis. Lo cierto es que todo fueron lágrimas por su parte y lamentos y demás cosas desagradables. Fue duro pero debía de ser así… Yo estaba destrozado, no había soltado una sola lágrima y aun así me sentía fatal por dentro. Dejé a Géminis con un amigo común con el fin de que él la calmara, y yo me fui. Necesitaba hablar con Venus, estaba muy nervioso, muy mal, estaba dándole la vuelta a la tortilla de mi vida por ella. No me lo había pedido ella, pero si mi corazón, y ahora la necesitaba. La necesitaba de verdad. Pero ella no estaba, no recuerdo donde estaba realmente, ni siquiera me importaba, simplemente no estaba y yo estaba perdido sin ella. No sabía qué hacer, me dijo que me llamaría para saber de mí, pero el tiempo pasaba y el móvil no sonaba. Yo no podía estar en mi casa, estaba angustiado, así que decidí salir. Salí sin rumbo, el rumbo en realidad era donde mis pies me llevarán. Caminando llegué a una carretera que iba hacia el campo. De repente me cansé y en una cochera en medio del campo me acurruqué y miré la luna. Llamé a Venus, otra vez, pero no pude hablar con ella nada más que unos pocos segundos... Al colgar el teléfono todas las lágrimas que mi interior había guardado para sí, decidieron salir, salir con fuerza. Y mientras tanto yo miraba la luna, o al menos lo intentaba pues una suave y calidad cortina de lágrimas cubría mis retinas. Y allí estaba yo, solo, con frio y llorando; en medio del campo, pensando que qué iba a ser de mi. Al cabo de un rato decidí volver a mi casa, cuando ya estaba algo más calmado. Volví y cené. Seguidamente me acosté, ya había tenido bastante, aunque en realidad no, me había faltado ella. El sustento. De madrugada me llamó, pero yo estaba dormido y con voz somnolienta le dije que estaba dormido y ella solo dijo: MIERDA, LO SIENTO… Sabía que eso me esperaba, que dejar a Géminis traería consigo el sufrimiento, el dolor y las lagrimas de un amor no correspondido. Pero nada podía hacer yo, me había enamorado de alguien que no me amaba, otra vez….

Y al día siguiente iba a ir a ver a Venus otra vez, pero por la noche. Estaba bastante emocionado y tenía muchas ganas, pero Géminis insistía en venir, quizás para controlar lo que hacía allí, o más bien lo que haría o dejaría de hacer con Venus. Pero por mucho que insistiera esa vez iría yo solo y nadie lo iba a impedir ni Géminis que se estaba convirtiendo en un lastre que ya costaba remolcar demasiado. Por tanto esa noche dispuse camino a tierras lejanas, aun que la verdad que no tanto.

Llegue a Jámila con el corazón en la garganta, pensé en dejarlo en el coche para que no me molestara, pero sería inútil intentar controlar mi nerviosismo ya que él me había tomado ventaja y me dominaba a mí. Así que hizo lo que pude en ese aspecto y fui decidido a verla otra vez, y aun que me parecía un éxtasis constante, Géminis no estaba, con lo cual no tiene objeto mencionarla más ¿no? Al menos mientras hablemos de esa noche. Como decía estaba solo y eso me producía un éxtasis constante y una emoción que nunca olvidaré. Podía verla olerla y escucharla sin miedo alguno, y tenía claro que eso iba a hacer y nada ni nadie lo podía impedir. Fui a casa de Venus y la recogí con mi coche en su misma puerta. Dimos varias vuelta para conocer Jámila, pasamos por la casa del indeseado, su ex, debí haber pitado varias veces para que ese “hombre” no pudiera dormir si es que dormía. Después de un par de vueltas conociendo la morfología de la bella ciudad fuimos a un bar, que diría si no que, fueron casi todo risas. El mejor regalo que Venus podía hacerme, ya valía de tanta lagrima de amor y tanto sufrimiento, ya valía de desvelos nocturnos, ya valía de desamor. Era el momento, justo necesario y único para cambiar. Sin lagrimas que empañen el camino del futuro, sin engaños y sin dolor. Aun que también era inevitable recordar hechos pasados, dolorosos, angustiosos y feos, sobre todo eso, feos a más no poder. Pero aun que su rostro cabizbajo se entristeciera con cada recuerdo, yo estaba allí y no permitía caras largas, ni llantos, si no alegría. Costaba, en ese momento costaba, pero eso no era impedimento para mí. Pues tenía claro que la alegría estaba tan próxima que casi la podía oler ya.

Después quedamos Venus y yo con un primo mío aquel que se encontraba indispuesto la primera vez que fui, esta vez estaba perfectamente. Fuimos a un pub, que para mi asombro en su interior había una bolera, preguntarme como habían hecho aquello era demasiado. Aun así nada impidió que echáramos una partida mi primo, un amigo suyo y yo. Quizás no debería alagarme a mí mismo pero gané yo, y con ayuda de Venus que tiró un par de veces, no con mucho acierto pero hizo lo que pudo, cosa muy loable sea dicho también. Estábamos sentados en una mesa mientras se divertían en sus cosas mi primo y su amigo, Venus y yo conversamos y nos rozamos más de una vez, no era propio de un par de amigos y menos si uno no estaba soltero, recuerdo acariciarle la pierna, quisiera aclarar que yo no tenía malicia ninguna, según lo que se entienda por malicia, obviamente. Y después de tomarnos unas bebidas y terminar la partida de bolos creímos conveniente continuar con la fiesta en otra parte. El destino fue una discoteca, bastante conocida en la ciudad y bastante agradable, no era muy grande pero si lo suficiente espaciosa como para poder bailar a gusto, aun que había unas mesas en medio que impedían un poco el movimiento, sería eso el único defecto más destacado de dicho local. La verdad sea dicha, a mí solo me importaba estar con Venus y contemplarla todo el tiempo que me fuera regalado, el lugar o el momento era realmente lo de menos. Yo no podía dejar de mirarla y no tenía por qué dejar de hacerlo, estaba empezando a amar tanto a esa criatura tan perfecta que lejos de apartar la mirada cada vez la miraba más, pero siempre con precaución para no mostrarle mis sentimiento porque sabía que eso posiblemente la haría echarse para atrás y mostrarse reacia a que volviéramos a vernos, y eso sería lo peor que podría pasarme. Maldito ser que impedía que Venus fuera feliz, maldito ser capaz de hacerle daño a esa belleza que mis ojos estaban contemplando en ese momento y no daban crédito de la belleza acumulada en un mismo rostro. Y aun incrédulo me lo pregunto a mí mismo.

Terriblemente Venus tenía que irse pasado un rato y yo, por consiguiente también me iría, pero no sin antes llevarla a su casa y despedirnos. Por tanto nos dirigimos a su casa. La acompañe hasta la puerta. Yo sabía que era típico de película que ahora la pareja se besara, pero nosotros no éramos pareja, solo amigos. Pero sin embargo, pasó algo con lo que no contaba. NOS DIMOS UN ABRAZO… intenso, duradero, dulce y sincero. Duró más de lo normal pero a mí no me importaba, pensaba en no soltarla nunca, pero me tomaría por loco. Creo que duro medio minuto, más o menos. Fueron eternos, hermosos e inolvidables. Yo la apretaba muy fuerte como si me la fueran a quitar, respirando su olor, su aroma y sintiéndola cerca de mí, muy cerca. No habría palabras suficiente para describir un abrazo dado con amor, pues yo no podía dar más amor en aquel abrazo. Y después de aquel eterno abrazo me beso… creí estar drogado en aquel momento, pensé en agarrarla y besarla en los labios, pensé en decirle tantas cosas pero no podía. Yo habría estado bien. Lo normal hubiera sido que nos hubiésemos besado después del abrazo, o tal vez después de que ella me diera un beso en la mejilla, solo uno. Pero no fue así, e hice toda la fuerza que pude por no cogerla de la cintura, decirla que la amaba y besarla como nunca la habrían besado. Pero me contuve. Aun que… después de aquel beso decidí a hacer algo de lo que nunca me arrepentiría, pero eso no lo mencionaremos aquí, de momento… Mientras tanto hablaremos de la marca de aquel abrazo, la señal grabada en mi, de sus labios aun calientes en mi mejilla. Su aroma, su olor…

El olor se había quedado tan grabado en mí que me venía a la nariz cada cierto tiempo y sinceramente me paralizaba, me invadía el interior de mi ser y me traía sinceros recuerdos de cuando habíamos estado juntos, de cómo se movía de cómo reía y como la amaba. El estado de abstracción era tal que pasaban minutos en los que estaba absorto y no hacía nada más que suspirar y sonreír. Recuerdo una vez que un compañero tuvo que llamarme la atención porque estaba que parecía dormido, avergonzado le dije que no se preocupase que estaba recordando, pero esos recuerdos eran tan intensos…

2 comentarios:

  1. El principe dudoso comenzaba la más inóspitas de sus labores como miembro de la monarquía, buscar a la princesa. Su princesa soñada. La verdadera, la que sería su diosa del amor y de la perfección. La casualidad que juega con el destino es que ella, Venus, también necesitaba un principe... un principe que al besar no se convirtiese en una rana sino, una rana que cuando ella le besara se transformase en principe y que, mientras que permaneciera al lado de ella siguiera siendo el principe perfecto.
    Necesidad de encontrar a alguien con quien poder confiar toda su vida, aquél con el que compartir cada átomo de oxígeno de su respiración, aquél con el que únicamente poder ser feliz. El único que pudiera llenarle a su lado y vaciarle cuando la distancia se pusiera entre ellos. Él, él y solo él.
    Ella no quería, se resistía a sentir... tenía miedo de ser feliz. Tenía miedo de sufrir...
    Durante los días posteriores al naufragio de su vida se dedicó a construirse un muro en su corazón con el que evitar el paso de toda persona ajena a sus emociones. Y lo consiguió, creía haberlo conseguido... Hasta que apareció él, el principe. Él si pasó, ¿pero cómo?. Él se ocupó de derrumbar ese muro y saltarlo, de agujerearlo y pasar por sus ruinas. Pero sólo él. Nadie más lo intentó.
    Venus, al principio no sabía si aquella destrucción de su protección personal sería venidera pero... pasados unos sentimientos, bendijo aquello. Aquello fué lo que en verdad la rescato, aquello le devolvió la vida; la resucitó. Y ahora, ahora Venus se siente una verdadera princesa, la mas querida y deseada de palacio. Ahora Venus es felíz, gracias Principe Dudoso.

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